Nació con una pelota de vóley debajo del brazo, estuvo en cada entrenamiento donde su papá dirigía. Con pocos años, iba detrás de Mauro siguiendo sus pasos, aprendiendo y estando atenta en cada detalle. Creció y a los once le tocó estar dentro de la cancha, mientras que su papá, era el que le daba las indicaciones. En cada entrenamiento la exigió, seguramente, el doble que el resto porque para jugar se tenía que ganar el lugar por rendimiento y no por ser la hija de. Algo que en muchos momentos de su carrera le costó. Finalizó su actuación en la Escuela Municipal de Crespo y con 18 años tuvo que abrir sus alas y volar hacía otro rumbo, para seguir creciendo, universitaria y deportivamente. Desembarcó nada menos que en Villa Dora, uno de los clubes más importantes del país. Hoy entrena y lucha por entrar en el plantel de 14 jugadoras que disputarán Liga Nacional, la máxima competencia del vóley argentino.

Azul Holdstein tiene 21 años y esta temporada eligió quedarse en Santa Fe, para pelear por su sueño, ser partícipe de un plantel de Liga. “Creo que todavía no caigo en que estoy en uno de los mejores equipos del país. Este año me toca estar dentro del plantel de Liga Nacional, así que comparto entrenamientos todos los días con chicas que siempre vi en lo más alto y ahora las tengo de compañeras”, comentó Azul en diálogo con 147 Sport. Luego agregó: “Nunca me imaginé llegar a este nivel y poder disputar una Liga Nacional”.
¿Quién es su padre? Mauro Holdstein, reconocido entrenador que llevó el vóley de Crespo a ser destacado a nivel nacional. Condujo los hilos de Selecciones provinciales y es un nombre que pisa fuerte en la disciplina. Ahora la rueda cambia, debe acompañar desde la tribuna, a la que alguna vez, con corta edad, lo siguió desde atrás, en cada entrenamiento.
En los pocos días que tuvo de descanso, Azul, visitó la redacción de nuestro medio y comentó las sensaciones de estar en la preparación para disputar la máxima categoría del vóley argentino.

-¿Cómo fue la última temporada?
– Fue un 2018 muy lindo. Se bajó la categoría Sub 21, por lo tanto solo jugamos en Primera División, pero aproveché los diferentes torneos como la Copa Santa Fe, que fue el primer año que se hace, donde pude obtener otro nivel.

-¿Fue difícil dejar Crespo en su momento?
– Irme fue un cambio grande, pero tuve la ventaja de ingresar rápidamente en una residencia donde vivía con diez personas. Eso hizo que siempre haya contención y no extrañe tanto. En lo deportivo me costó muchísimo, porque me encontré con equipos que siempre veía allá arriba y en Villa Dora, es ganarle o ganarle.

-¿Cómo va la preparación para la Liga Nacional?
– Estamos entrenando en triple turno, nos habían dado unos días libres por las fiestas, pero volvimos nuevamente el jueves a las prácticas. Yo estoy en el plantel de 20 jugadoras, ahora buscaré entrar en el de 14. Es difícil porque entrenando de líbero y en esa posición hay dos jugadoras más, una de ellas es de Selección Nacional y otra es de SONDer de Rosario, que viene de salir mejor libero en muchos torneos, pero sé que no es imposible.

-Cuando te fuiste de Crespo eras punta, ¿hubo un cambio de puesto?
– Me comenzaron a entrenar hasta hace poco de líbero, porque antes también lo hacía, pero me focalizaba también en practicar de punta. Es muy difícil el cambio, ya que toda la vida jugué en otra posición.

-¿Cómo es el formato de juego de la Liga?
– La competencia inicia en febrero. Son zonas de siete equipos, donde clasifican los primeros tres o cuatro, los demás quedan afuera. A nosotros nos tocó una zona dura, donde nos vamos a enfrentar a Boca y San Lorenzo, ente otros. Será una linda experiencia.

-¿De qué manera surgió la posibilidad de ser parte de este plantel?
– El club siempre busca que las jugadoras de la institución crezcan y desde el primer año que estoy me invitaron a jugar Liga Nacional. En un principio lo veía como un gasto, porque tenía que estar tres meses en Santa Fe, sin poder generar ingresos, teniendo la oportunidad de volver a Crespo y trabajar. Los primeros dos años volví a mi casa y este año, después de haber jugado las finales de Copa Santa Fe y Asociación, me veo más cerca y con más oportunidades. También me parecía malo de mi parte, no poder aprovechar esta oportunidad de jugar Liga Nacional, siendo lo más importante que tenemos a nivel país.

-¿Te ilusionas con la posibilidad de jugar?
– Me encantaría pensar que sí voy a poder ser parte del plantel de 14 jugadoras que va a disputar la Liga, pero también soy realista y sé que está muy difícil.

-¿Villa Dora es de incorporar muchas jugadoras?
– El nivel que jugamos durante todo el año, no se puede comparar con el nivel que tienen los equipos de Metropolitana. Por eso, para poder tener una chance en Liga Nacional, se debe incorporar gente, además de entrenar a las chicas del club. Este año no trajeron refuerzos de renombre, sino chicas jóvenes que tienen como principal objetivo entrenar.

-Cuando te fuiste de Crespo a Santa Fe, ¿hubo algún cambio en el deporte?
– Muchos. En el tema de entrenamiento fue el menos notorio, porque en Crespo siempre nos exigieron, no faltábamos ni poníamos excusas. Pero el nivel entre una asociación y la otra, se siente muchísimo. Santa Fe en Argentina, es una asociación de las más importantes y en Entre Ríos estamos lejos de eso.

-¿Es difícil armar un equipo que tire para el mismo lado?
– Sin dudas, es muy difícil. Lo vi más que nada cuando hice el cambio de club. Con el equipo que jugamos en Villa Dora, de 14 solo había dos pertenecientes a la institución y el resto vienen de diferentes lugares. Y por ahí siempre había alguna de las chicas que ponían excusas, más que nada para el entrenamiento.

-¿El apoyo de la familia es clave?
– Siempre van y siempre están para lo que necesite. Son un pilar fundamental para que yo pueda seguir con esto.

-¿Se habla de vóley en la familia cuando termina un partido?
– Aprendimos que no, después de varios años de peleas. Pero ahora que Mauro ya no es mi entrenador, podemos hablar un poco más.

-¿Sos de ir a ver a tu hermano o de darle consejos?
– Francisco arrancó hace muy poco. En 2018 tuvo una temporada excelente, ojalá que se le siga dando, porque tiene futuro. No somos de hablar mucho de vóley, tal vez cuando lo vamos a ver charlamos un poco y le damos algunos consejos. Pero al haberse criado con nosotros, la tiene bastante clara.

-¿Sentís que todo ese esfuerzo de años tiene recompensa?
– En Santa Fe no viví tanto eso de perderme eventos familiares o de amigos por el deporte, porque una vez que llegaba al ser más grande, no tenía esas cosas. En Crespo a lo largo de mi juventud me tocó sufrirlo, pero valía la pena porque lo hacíamos todas las integrantes del equipo, entonces si uno se acostaba temprano, sabía que la otra persona también lo iba a hacer. Estaban bien marcadas las reglas y siempre fueron respetadas.

-¿Qué podes decir de tu papá?
– Que siempre fue un gran formador. Cada camada que agarró logró grandes cosas, tanto masculino y femenino, siendo uno de los mejores en las asociaciones y de la provincia, que no es poco.

-¿Fue complicado dejar de ser la hija de?
– Costó mucho, cuando jugaba también pasaba. Hace poco fue a ver un partido y se cruzó con un chico que trabaja en la Asociación Santafesina, que lo vio y le dijo: “Vos sos el papá de la líbero de Villa Dora”, así que ahora cambió.

-¿Qué es el vóley para vos?
– Es muy complicado describirlo con palabras. Ya dejó de ser un hobby, es algo muy importante en mi vida. Por algo me sigo haciendo el tiempo como sea para ir a entrenar, o este verano, que siempre volvía, me quedé en Santa Fe y no sé cuándo vuelvo a Crespo. También lo hago de forma recreativa, simplemente es parte de mi vida.

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